| Hosmil |

Me remontaré a uno de los meses más frío del año, pero que a pesar de ser así, el sol cobijó a mi madre antes de entrar al hospital. El 28 de julio de 1992, mi madre iba tranquilamente a un examen de rutina para ver como seguía el embarazo, ella que en ese entonces trabajaba en el Hospital Militar de Santiago, ya conocía a varios doctores de allí, pero fue en ese entonces, en medio del examen de rutina donde el doctor le dijo: - Usted hoy se queda aquí, porque está a punto de nacer-. Sorprendida no tuvo nada más que hacer que quedarse en maternidad, para variar nací adelantada, ya que mi fecha era para el 16 de agosto, pero mi llegada al mundo no tuvo grandes problemas, excepto por nacer ahogada en meconio, pero considero que ese tema no es muy lindo de contar. Luego de unos meses fui bautizada en la Catedral Castrense, que se encuentra ubicada en la comuna de providencia, lugar donde nací.
Según
mi mamá, desde que estuve dentro de su vientre siempre me gusto la música, en
excepción de un cantante, “Rafael de España”, dice que para entonces ella le
tomo cierta distancia a ese cantante que ella tanto quería, que incluso se gano
una discografía completa en un concurso de radio y cuando le llego, lo regaló.
Cosa curiosa porque hasta el día de hoy yo no lo soporto.
De la
niñez es poco lo que recuerdo, son imágenes distantes, muchas de ellas
recuerdos y muchas otras creo yo creadas por mi imaginación. A pesar de que el
tiempo ha nublado momentos de mi memoria, aún quedan historias pocas que
contar. Desde muy niña me gustaba la lectura, aunque no supiese leer, tenía una
conexión instantánea con los libros, mi mamá era mis ojos en ese entonces y
también una de mis mayores motivaciones para comenzar a leer, antes de entrar a
“kínder” yo ya tenía vestigios en mi mente de como leer y cual eran las letras,
pues mi mamá se había tomado el tiempo de enseñarme algunas cosas, que me
prepararon perfecto para mi llegada a la escuela. Era un sueño entrar al
colegio, mi deseo más profundo, más que el hecho de hacer amigos, era de leer,
hacer tareas, estudiar, etc., quizá era para no sentirme tan sola, dado que mi
mamá y mi papá trabajaban y mis hermanas que eran mucho mayores que yo, estaban
en el colegio. Era mi vecina la que se hacía cargo de mí algunas horas al día,
hasta que llegara alguien en mi casa.
Dentro
de toda esta historia hay dos personas muy importantes que se merecen un
reconocimiento, esas personas, que en esos años podríamos llamar “personitas”
eran mis dos hermanas mayores. Ellas me cuidaron desde que nací, puesto que mi
mamá trabajaba y mi papá también. Ocuparon mucho tiempo en mí, cambiándome
ropa, cocinándome, criándome. A estas dos grandes mujeres les debo la mayor parte de mi vida, por poder criar y
enseñar a una niña, siendo ellas mismas unas mujercitas.
La
escuela Andes del Sur, fue quien me recibió los primeros nueve años de mi etapa
escolar, en el año 1998. Mi época escolar es difusa dentro de mis recuerdos,
solo sé que era muy buena alumna, aunque no muy responsable cuando necesitaba
recordar que tenía que llevar materiales. Pero siempre me fue muy bien, hice
grandes amigas, conocí también allí, a una persona que hoy en día es parte de
mi historia.
Para
cuando entre a la enseñanza media, fue cuando ocurrieron los grandes cambios de
mi vida, cambios que recuerdo
perfectamente y que jamás olvidaré. Muchos de mis cambios fueron dados
obviamente por el ciclo de vida que estaba pasando “la adolescencia”; creo que
es una de las etapas más difíciles de la vida, puesto que es donde la
sensibilidad y las emociones son los protagonistas de este drama, son tan finos
los sentidos emocionales que muchos pueden llegar a padecer la triste enfermedad de la “pena”: depresión,
enfermedad que yo padecí por mucho tiempo, pero al final logre salir de todo
eso, gracias a un montón de personas que estuvieron a mi lado, familiares,
amigas de colegio. Son las amigas de la enseñanza media, mis cobijas, mis
almohadas, mis hombros, en los cuales lloré, reí y amé.
Fue en
el año 2007, cuando entre al colegio San Miguel de los Andes, escuela que
recuerdo con mucho cariño, donde los profesores eran amigos y la estructura mi
hogar, donde más de una vez me sentí cobijada, llena de amor y protegida por
toda la comunidad educativa. Fueron una
excelente base educacional; tenían profesores de gran excelencia profesional y
emocional.
El
torbellino más grande dentro de esta época, fue la muerte de mi hermana mayor,
ya que como relate en un principio era una de las personas más importantes en
la vida, era mi amiga, mi cómplice, un todo. Dentro de todo seguimos con más fuerzas, ya
que ella nos dejo con su hermoso hijo que en ese entonces tenía nueve años.
Con
el paso del tiempo, comencé mi búsqueda profesional,
no sabía lo que quería, debido a que poseía habilidades para muchas cosas, como
el arte, la música, el lenguaje y las ciencias, por tanto no estaba realmente
segura que cosa haría en mi vida profesional; no me di ni cuenta como paso el
tiempo y ya estaba en cuarto medio, ya había elegido mi área dentro del colegio
y ese era el científico. Me iba realmente bien en todo, pero siempre me fue
mejor en ramos científicos (especialmente química y biología), por lo que al final
de la jornada decidí elegir el área científica. Llego la “PSU” a cambiar todo
lo que yo creía de mí, me di cuenta de que era la única hija que estaba por
llegar a la universidad, que tenía todos los ojos puestos sobre mí, ya que mis notas
del colegio demostraban que me iría bien, pero no fue así, los nervios (entre
otras cosas) me jugaron en contra y no tuve opción; tuve que elegir entonces
una universidad privada. Entre a estudiar en aquel entonces “nutrición y dietética”
en la universidad Santo Tomás, pero solo dure medio semestre y luego me fui. Me
di cuenta que esa carrera no era lo que yo quería trabajar para el resto de mi
vida. Trabajé ese año en diferentes cosas
para tener un poco de dinero, fue entonces cuando decidí que no me quería quedar
sin estudios, así que a finales de ese año me matriculé en el Centro de formación
Técnica de la misma institución (Técnico en enfermería), estuve un año, hasta que
hice mi práctica en el hospital Sotero del rio, y me volví a dar cuenta que no
era lo que quería, a pesar de que fui la primera de mi clase, decidí salirme y jugármelas
de nuevo por dar la “PSU”, sin que esta vez me ganara el nerviosismo y los ojos
mirones de la gente.
Siempre
supe que tenía cierta unión con la enseñanza, pero nunca la tome en cuanta
hasta finales del año 2012, dentro de las cosas que pensé estudiar en la media,
fue pedagogía, pero me deje engañar por prejuicios y por la inmadurez de entonces.
Hoy, siento que el camino recorrido no es en vano, si me equivoque fue porque
tenía que equivocarme, he aprendido tantas cosas estos últimos años, he tenido logros
muy grandes, que me han preparado para
lograr estar donde estoy, estudiando pedagogía en la universidad que nunca pensé
estar.
Tengo
muchas metas que aun debo lograr, en especial con esta fuente laboral que he
elegido. Dentro de mi trabajo, quisiera hacer nuevos proyectos que se
profundicen directamente en la inclusión de las personas, pero no de las
personas que son consideradas diferente, si no que, me gustaría trabajar en
investigaciones donde la gente sin necesidades educacionales especiales pueda integrarse a esta cultura, que está
inmersa en nosotros, ya que es necesario reafirmar las bases de nuestra
sociedad. Siendo realista, sé que no puedo cambiar al mundo entero de la noche
a la mañana, pero sé también que si causo una impresión explosiva dentro de un
medio (así como el principio de entropía, ósea hacer un caos social, que
desintegre de cierta forma la vida distante que tenemos, con las personas con
necesidades educativas especiales, y desde el caos re-ordenar una nueva forma
social), puedo lograr el cambio de forma repetitiva. (¿Qué quiero decir con
esto? El mundo trabaja a través de copias, si algo sale bien y funciona, la
sociedad no duda en repetirlo)
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| Ed. Diferencial PAL 2013 |
