viernes, 29 de marzo de 2013

Para quien quiera conocerme... aquí estoy. (autobiografía)



Hosmil

Me remontaré a uno de los meses más frío del año, pero que a pesar de ser así, el sol cobijó a mi madre antes de entrar al hospital. El 28 de julio de 1992, mi madre iba tranquilamente a un examen de rutina para ver como seguía el embarazo, ella que en ese entonces trabajaba en el Hospital Militar de Santiago, ya conocía a varios doctores de allí, pero fue en ese entonces, en medio del examen de rutina donde el doctor le dijo: - Usted hoy se queda aquí, porque está a punto de nacer-. Sorprendida no tuvo nada más que hacer que quedarse en maternidad, para variar nací adelantada, ya que mi fecha era para el 16 de agosto, pero mi llegada al mundo no tuvo grandes problemas, excepto por nacer  ahogada en meconio, pero considero que ese tema no es muy lindo de contar.  Luego de unos meses fui bautizada en la Catedral Castrense, que se encuentra ubicada en la comuna de providencia, lugar donde nací.
Según mi mamá, desde que estuve dentro de su vientre siempre me gusto la música, en excepción de un cantante, “Rafael de España”, dice que para entonces ella le tomo cierta distancia a ese cantante que ella tanto quería, que incluso se gano una discografía completa en un concurso de radio y cuando le llego, lo regaló. Cosa curiosa porque hasta el día de hoy yo no lo soporto.
De la niñez es poco lo que recuerdo, son imágenes distantes, muchas de ellas recuerdos y muchas otras creo yo creadas por mi imaginación. A pesar de que el tiempo ha nublado momentos de mi memoria, aún quedan historias pocas que contar. Desde muy niña me gustaba la lectura, aunque no supiese leer, tenía una conexión instantánea con los libros, mi mamá era mis ojos en ese entonces y también una de mis mayores motivaciones para comenzar a leer, antes de entrar a “kínder” yo ya tenía vestigios en mi mente de como leer y cual eran las letras, pues mi mamá se había tomado el tiempo de enseñarme algunas cosas, que me prepararon perfecto para mi llegada a la escuela. Era un sueño entrar al colegio, mi deseo más profundo, más que el hecho de hacer amigos, era de leer, hacer tareas, estudiar, etc., quizá era para no sentirme tan sola, dado que mi mamá y mi papá trabajaban y mis hermanas que eran mucho mayores que yo, estaban en el colegio. Era mi vecina la que se hacía cargo de mí algunas horas al día, hasta que llegara alguien en mi casa.
Dentro de toda esta historia hay dos personas muy importantes que se merecen un reconocimiento, esas personas, que en esos años podríamos llamar “personitas” eran mis dos hermanas mayores. Ellas me cuidaron desde que nací, puesto que mi mamá trabajaba y mi papá también. Ocuparon mucho tiempo en mí, cambiándome ropa, cocinándome, criándome. A estas dos grandes mujeres les debo  la mayor parte de mi vida, por poder criar y enseñar a una niña, siendo ellas mismas unas mujercitas.
La escuela Andes del Sur, fue quien me recibió los primeros nueve años de mi etapa escolar, en el año 1998. Mi época escolar es difusa dentro de mis recuerdos, solo sé que era muy buena alumna, aunque no muy responsable cuando necesitaba recordar que tenía que llevar materiales. Pero siempre me fue muy bien, hice grandes amigas, conocí también allí, a una persona que hoy en día es parte de mi historia.
Para cuando entre a la enseñanza media, fue cuando ocurrieron los grandes cambios de mi vida, cambios que recuerdo  perfectamente y que jamás olvidaré. Muchos de mis cambios fueron dados obviamente por el ciclo de vida que estaba pasando “la adolescencia”; creo que es una de las etapas más difíciles de la vida, puesto que es donde la sensibilidad y las emociones son los protagonistas de este drama, son tan finos los sentidos emocionales que muchos pueden llegar a padecer  la triste enfermedad de la “pena”: depresión, enfermedad que yo padecí por mucho tiempo, pero al final logre salir de todo eso, gracias a un montón de personas que estuvieron a mi lado, familiares, amigas de colegio. Son las amigas de la enseñanza media, mis cobijas, mis almohadas, mis hombros, en los cuales lloré, reí y amé. 
Fue en el año 2007, cuando entre al colegio San Miguel de los Andes, escuela que recuerdo con mucho cariño, donde los profesores eran amigos y la estructura mi hogar, donde más de una vez me sentí cobijada, llena de amor y protegida por toda la comunidad educativa.  Fueron una excelente base educacional; tenían profesores de gran excelencia profesional y emocional.
El torbellino más grande dentro de esta época, fue la muerte de mi hermana mayor, ya que como relate en un principio era una de las personas más importantes en la vida, era mi amiga, mi cómplice, un todo.  Dentro de todo seguimos con más fuerzas, ya que ella nos dejo con su hermoso hijo que en ese entonces tenía nueve años.
Con el  paso del tiempo, comencé mi búsqueda profesional, no sabía lo que quería, debido a que poseía habilidades para muchas cosas, como el arte, la música, el lenguaje y las ciencias, por tanto no estaba realmente segura que cosa haría en mi vida profesional; no me di ni cuenta como paso el tiempo y ya estaba en cuarto medio, ya había elegido mi área dentro del colegio y ese era el científico. Me iba realmente bien en todo, pero siempre me fue mejor en ramos científicos (especialmente química y biología), por lo que al final de la jornada decidí elegir el área científica. Llego la “PSU” a cambiar todo lo que yo creía de mí, me di cuenta de que era la única hija que estaba por llegar a la universidad, que tenía todos  los ojos puestos sobre mí, ya que mis notas del colegio demostraban que me iría bien, pero no fue así, los nervios (entre otras cosas) me jugaron en contra y no tuve opción; tuve que elegir entonces una universidad privada. Entre a estudiar en aquel entonces “nutrición y dietética” en la universidad Santo Tomás, pero solo dure medio semestre y luego me fui. Me di cuenta que esa carrera no era lo que yo quería trabajar para el resto de mi vida.  Trabajé ese año en diferentes cosas para tener un poco de dinero, fue entonces cuando decidí que no me quería quedar sin estudios, así que a finales de ese año me matriculé en el Centro de formación Técnica de la misma institución (Técnico en enfermería), estuve un año, hasta que hice mi práctica en el hospital Sotero del rio, y me volví a dar cuenta que no era lo que quería, a pesar de que fui la primera de mi clase, decidí salirme y jugármelas de nuevo por dar la “PSU”, sin que esta vez me ganara el nerviosismo y los ojos mirones de la gente.
Siempre supe que tenía cierta unión con la enseñanza, pero nunca la tome en cuanta hasta finales del año 2012, dentro de las cosas que pensé estudiar en la media, fue pedagogía, pero me deje engañar por prejuicios y por la inmadurez de entonces. Hoy, siento que el camino recorrido no es en vano, si me equivoque fue porque tenía que equivocarme, he aprendido tantas cosas estos últimos años, he tenido logros muy grandes,  que me han preparado para lograr estar donde estoy, estudiando pedagogía en la universidad que nunca pensé estar.

Tengo muchas metas que aun debo lograr, en especial con esta fuente laboral que he elegido. Dentro de mi trabajo, quisiera hacer nuevos proyectos que se profundicen directamente en la inclusión de las personas, pero no de las personas que son consideradas diferente, si no que, me gustaría trabajar en investigaciones donde la gente sin necesidades educacionales especiales  pueda integrarse a esta cultura, que está inmersa en nosotros, ya que es necesario reafirmar las bases de nuestra sociedad. Siendo realista, sé que no puedo cambiar al mundo entero de la noche a la mañana, pero sé también que si causo una impresión explosiva dentro de un medio (así como el principio de entropía, ósea hacer un caos social, que desintegre de cierta forma la vida distante que tenemos, con las personas con necesidades educativas especiales, y desde el caos re-ordenar una nueva forma social), puedo lograr el cambio de forma repetitiva. (¿Qué quiero decir con esto? El mundo trabaja a través de copias, si algo sale bien y funciona, la sociedad no duda en repetirlo)


Ed. Diferencial PAL 2013